Leyendas Gravel: el cruce de Los Andes

 Etapa 0 

Llegamos a Ciclismo Las Rastras en Talca y nos recibió Jose, el cerebro de esta locura llamada Leyendas . Había una carpa con unos mesones y nos entregaron el kit de carrera: numero, una mochila de hidratación FILETE, frutos secos, un vinito (para dormir bien 😬) y muchos stickers (clave). 

Desde ahí nos fuimos a @lodgecolbun en donde, luego de salir a soltar patitas, nos alimentaron muy muy bien y a dormir porque al día siguiente se venía bueno. 



Etapa 1 220 km 

La previa: a levantarse temprano! Desayunar y partir hacia el centro turístico Fernandois que quedaba justo al otro lado del embalse. Nos llevó unos 45 minutos y ya estábamos en zona de carrera. 

Últimos ajustes, 3,2,1 y partimos!


-Llegué a esta carrera sin haber entrenado en 6 meses y habiendo tocado la bici 2 o 3 veces durante los 60 días previos a este desafío por lo que mis expectativas eran lograr terminar en forma digna. No sabía cómo se comportaría mi cuerpo volviendo a meter distancias salvajes. -


La estrategia entonces era tratar de mantenerme con los de la punta hasta que pudiera, y de ahí en más tomar mi ritmo y mantenerlo. 


La carrera:

Partimos entonces con Felipe Román y Emilio Jofré despegándonos desde los primeros metros del resto de los corredores. 

Con Felipe hemos compartido muchas rutas pedaleando hombro a hombro. Es un duro entre los duros y yo tenía claro que el estaba ampliamente más fuerte que yo. 

Con Emilio (AKA Bati) también hemos compartido muchas carreras, sabía que llegaba en mucho mejor condición que yo ya que ha estado haciendo las cosas muy bien en términos de preparación y entrenamiento. 


Luego de varios kilómetros de compartir la punta empezaron las escaladas y pensé que sería el momento de dejarlos ir. Llegando al llano pude remontar y seguimos juntos. En el km 30 mas menos en una bajada lanzada (que me acomodan mucho) mis botellas intentaron abandonarme y tuve que parar y devolverme a recogerlas. Quedé solo. Pensé que sería entonces hora de tomar mi ritmo y avanzar sin hacer locuras. 

En una recta larguísima que subía al 1.5% empecé a ver las luces de cola a lo lejos. Le metí hasta que logré pillar a Emilio. Pedaleamos juntos hasta que llegamos a “la placeta” una maceta que exigía patas para poder subir. Nuevamente se me fue Emilio, nada que hacer. En otro plano más adelante lo empecé a ver nuevamente y luego de una curva lo vi detenido a la orilla del camino pinchado. “Todo bien, ya reparé” me dijo. (Ahora le abro un buen espacio, pensé) 



Le metí como loco y no lo veía. Eran las 13:30 más o menos y pensé en parar a recargar agua y comer algo. Así lo hice, bastante rápido y seguí. Llegué a la panamericana, ahí tendría que dar media vuelta y de ahí en adelante sería solo subida. Avanzaba rápido y el planeta se calentaba firme. En el km 170 no aguanté más el calor. Paré en un negocio, cargué agua, Coca-Cola y le metí hielos a las botellas y mochila. Seguí avanzando hasta el km 200 y ahí empecé a sentir la falta de fondo. Avance a ritmo de caracol, parando a cada rato. Pensaba que en cualquier momento vería a Emilio, pero no pasó. Seguí avanzando hasta llegar a meta. Jose y el Tomi (el fotógrafo) me esperaban. Había llegado segundo! Llegué con lo justo, la verdad es que venía totalmente desfondado. La meta era en el refugio Tierras Bayas y al llegar estaba Felipe bañándose en la piscina. Rápidamente lo estaba acompañando. 



Llegó Emilio y nos contó que había tenido que esperar largo rato porque tuvo un problema con su inflador. Había llegado igual a 22 min detrás. O sea: sin el pinchazo me hubiese ganado por unos buenos minutos (y si mi abuela hubiese tenido barba hubiese sido mi abuelo) pero bueno… 

Mientras fueron llegando los demás corredores fuimos cambiándonos de ropa y comimos muy muy bien. Luego de eso a dormir.


Día 2 135 km

Partimos este segundo día con una zona neutralizada en bajada. Apenas terminó la bajada había que empezar a subir. Básicamente el recorrido era: subir hasta la aduana Chilena, luego subir hasta el límite y después bajar hasta la aduana Argentina (esto avanzando siempre hacia el este). Luego enfilaríamos hacia el sur todo por un camino de tierra que completaba 135 km.

Empezamos a subir y luego de un rato pactamos llegar a la aduana y luego de eso empezábamos a correr. Llegamos juntos hicimos el trámite y partimos. Apenas partimos empezaron a meter ritmo. Nuevamente los dejé irse porque si trataba de seguirlos agotaría muy rápido mi energía. Llegué al límite solo y empezó el descenso. Ahí le solté a la bici y avance rápido. Al llegar a la aduana Argentina los vi que iban saliendo. Hice el trámite rápido, cargué agua y salí a toda máquina a intentar neutralizar esa fuga. Empecé a fluir en las piedras y avanzaba muy rápido. De pronto oí un sonido feísimo en mi transmisión. Paré y me di cuenta que mi cambiador delantero estaba con problemas. Como no había espacio para ver ni arreglar nada saqué la cadena, desmonté el cambiador, lo desconecté de la batería, lo arreglé, lo instale de nuevo, instale la cadena, regular y seguir. 



En esa maniobra perdí unos 9 minutos. 

Pensé: 5 de la aduana más 9 me llevan 14 al menos. A pillar. 

Le metí con lo que tenía. El camino avanzaba e iba cambiando de calidad. A veces un gravel perfecto y a veces un ripio asqueroso.de tanto en tanto había cruces de ríos. 

Yo avanzaba y en las partes buenas comía. Y comía. Y comía. 



En una zona paré en un río a mojarme para bajar la temperatura. Poco más adelante había un abastecimiento y me dijeron: va uno a 20 min y el otro a 15. Salí de ahí rajao. Había zonas de arena y se hacía difícil el avance. No perdí la concentración y solo me preocupé de no parar. Los últimos 4 km fueron eternos hasta que vi el poblado de Las Loicas. La ruta me llevó hasta el refugio y cuando pasé el arco de meta estaba Emilio detenido a un costado. “Venías ahí nomás” me dijo. Se acercó el Dani (de la organización) y me dijo: “media remontada, pensábamos que venías mucho más atrás”

Emilio me había descontado solo 5 minutos.

Felipe se había afirmado adelante y el 4to venía muy atrás. Sería un mano a mano.


Compartimos toda la tarde en el refugio y hablábamos que el día siguiente sería un ajedrez. Ambos teníamos claro que yo debería intentar llegar junto a Emilio arriba y si lo lograba tenía la pega hecha. Pero había mucho desgaste. 


Comimos muy bien y a dormir. 


Día 3 153 km 

A primera hora pasamos la aduana todos juntos. Ahí partió la carrera y se hizo un grupo de 5 delante. Subíamos tranqui y yo no tiraba ni un metro. 

Emilio probaba cada cierto rato y yo lo seguía a rueda. Avanzamos hasta que en un momento Felipe agarró un ritmo que Emilio acompañó y me reventaron. Los vi como se iban pero creí que aún no estaba todo dicho. Subí al mejor ritmo que pude pero no los veía ni en las cómicas .

Llegué arriba y bajé rápido pero sin hacer locuras. Llegué a la aduana y me soplaron que se habían ido hacia 5 minutos pero iba Felipe delante. Está aduana era más grande así es que como pude la hice corta y salí rajao. 



Era pura bajada (en el papel). El problema fue el viento.  

Avancé toda mañana con buena música y poniéndole una sonrisa a los repechos. Sentía mucho el cansancio pero quedaba lo último. En el km 130 mas menos tuve que parar porque había mucho viento, mucho calor y yo iba reventado. Pare un rato, tomé agua y seguí. Fueron 10 min y ahí supe que mantener el segundo lugar era muy poco probable. Avance hasta meta y al llegar supe que Emilio había tenido un tremendo día de pedal, había logrado pillar a Felipe, trabajaron juntos e incluso le ganó en el sprint. Cerraba la prueba unos 15 min delante mío. Chapeau 


Vine a intentar terminar, llegué tercero… más allá de eso cumplí mi objetivo de recorrer esta ruta y de paso lo pasé chancho corriendo con grandes amigos y conociendo a grandes personas. Todo esto gracias a una organización y producción impecable que con mucha garra saco adelante un tremendo evento.

Viva la Bici!




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